Dos ciclistas en camino de gravel rumbo a Parres en CDMX

3 rutas de gravel en la Ciudad de México: entre bosques, volcanes y trampas de arena

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La Ciudad de México tiene diversas opciones para que salgas a rodar con tu bicicleta de gravel, ya que el 59% de su territorio es suelo de conservación. Aquí encontrarás diversos caminos de tierra que conectan los bosques más emblemáticos de la región.

Si bien, para andar en gravel las opciones son más limitadas que en asfalto, existen varias rutas ideales para gozar de una aventura off-road sin salir de la CDMX.

En este artículo te comparto tres rutas únicas para que salgas en tu bicicleta de gravel.

Las tres rutas se pueden realizar en unas horas, por lo que no es necesario cargar con muchas cosas. Como nos gusta sufrir, nosotros hicimos todas las rutas saliendo desde la ciudad, sin embargo, en cada track te indico en dónde inicia el segmento de gravel en caso de que decidas llegar directamente al punto de partida en automóvil o autobús.

1. Ruta Ajusco-Dinamos

Esta ruta es una conexión entre el Parque Nacional Cumbres del Ajusco en la alcaldía de Tlalpan y el Parque Nacional Los Dinamos en la alcaldía de Magdalena Contreras.

Con un desnivel positivo de 1040 metros, esta ruta es la que considero más sencilla en cuanto a pendientes, además de que tiene un tramo prácticamente plano.

Lugares favoritos:

  • Parque Ejidal “San Nicolás Totoloapan”: Parque ecoturístico dentro del Parque Nacional Cumbres del Ajusco. Está acondicionado para la práctica de ciclismo de montaña, senderismo y pesca. Tiene disponibles cabañas en renta y un campamento. El costo por entrar a este parque es de 60 pesos con tu bicicleta, lo cual se utiliza para seguir conservándolo en buenas condiciones. 
  • Llanos de Acopilco y Miradores de Tarumba: Zona dentro del Parque Nacional Los Dinamos con estacionamiento, espacios para picnic y un campamento.
  • Parque Nacional Los Dinamos: Área Natural Protegida con una extensión de dos mil 429 hectáreas de bosque. Se llama así porque ahí se localizan instalaciones de antiguas fábricas textiles que aprovechaban el agua que baja por la zona para generar energía eléctrica.
  • Cabañita “Los Honguitos”: Restaurante en el segundo dinamo, famoso por su comida típica con hongos de la región. 

Al Parque Ejidal San Nicolás Totoloapan

En esta ocasión me acompañaron Meli, Jené, José Luis y nuestro amigo Daniel, quien nos visitaba de Vermont, Estados Unidos. El punto de encuentro para iniciar la ruta fue al sur de la ciudad, cerca del estadio de la Universidad Nacional Autónoma de México. 

Salimos a eso de las 7 de la mañana y nos dirigimos hacia la carretera Picacho-Ajusco. Este segmento es un poco complicado, ya que hay un par de entronques en los que hay que tener cuidado porque es difícil mantenerse visible para los automóviles que circulan a una velocidad considerable. 

Una vez que pasamos por el parque de diversiones “Six Flags” se calma un poco el tráfico, la carretera se reduce a un solo carril y los automóviles van más despacio. Aun así, tuvimos que circular a un lado de la carretera y con precaución, ya que en fin de semana el tráfico puede ser un poco pesado.

Fuimos felices llegando a la entrada del Parque Ejidal San Nicolás Totoloapan, ¡logramos salir de la carretera! Al entrar al parque tuvimos que pagar nuestra entrada como ciclistas, afortunadamente no había nada de gente, así que pasamos rápido.

Conexión Ajusco-Dinamos 

Una vez en el Parque Ejidal, comienza la aventura de gravel. A partir de este punto, al fin pudimos sentir tranquilidad y olvidarnos del estrés de circular junto a los automóviles. 

Esta primera parte fue un poco enredada y por un momento dimos un mal giro. Lo bueno es que gracias a la ayuda de unos mountain bikers pudimos encontrar rápidamente el camino principal. En los primeros 10 kilómetros encontramos muchas personas sendereando y algunos automóviles que se dirigían a un campamento muy cercano a la entrada.

Seguimos un rato el camino principal hasta que nos desviamos a un singletrack, nada complicado y muy divertido, además de que nos alejó un rato de toda la gente que encontramos sendereando cerca de la entrada. El singletrack vuelve a conectar con el camino principal, donde pocos metros adelante se encuentra una bifurcación. En este punto hay que tomar la bajada de la derecha, dejando el camino principal que va al mirador de la virgen.

Ciclista en single-track en Ajusco

En cuanto nos separamos del camino principal encontramos menos gente y a la distancia podíamos ver la inmensidad de la ciudad. Conforme avanzábamos nos encontrábamos en el camino con unas pequeñas cabañas de guardaparques, algunos nos saludaban cuando nos veían y amablemente preguntaban si sabíamos a dónde íbamos.

Después de un rato dejamos de ver gente y solo se escuchaban los pájaros. ¡Al fin paz y tranquilidad! Andábamos tan felices que no parábamos más que para tomar algunas fotos. Aprovechamos que el camino era rodable e íbamos a buena velocidad.

Sabíamos que no todo podía ser perfecto y, ya que nos adentramos en el bosque comenzamos a ver unas rampas rocosas con una inclinación de más del 15%, no eran largas, pero sí eran complicadas y requieren de cierta técnica. Tardamos un rato en subirlas, sobre todo las personas que llevaban llantas de menos de 40 mm de ancho. Disfrutamos de una larga sesión de ascenso rocoso y arenoso, fue muy divertida pero muy cansada. Después del duro ascenso, paramos a un lado del camino a comer chocolates que Meli fue tan amable de llevar para compartir. No platicamos mucho en ese momento, solo paramos a descansar unos minutos.

Una vez que llegamos al punto más alto de la ruta, comenzamos un eterno descenso hacía el área del Parque Nacional Los Dinamos. Atravesamos algunos tramos rocosos nuevamente, algunas partes eran un poco técnicas, afortunadamente no eran secciones muy largas. 

Los Dinamos

El descenso rumbo al Parque Nacional Los Dinamos fue largo pero muy divertido. Nos tocaron algunos sube y bajas, con uno que otro segmento técnico, nada desgastantes. De repente, llegamos a un camino de piedra en el que volvimos a ascender un poco y comenzamos a ver familias caminando y sendereando. Hasta encontramos un campamento que nunca en la vida había visto.

Recorrimos un camino junto a un canal que poco a poco se fue haciendo más estrecho hasta convertirse en un singletrack. Cruzamos un punto con caída de agua, ideal para rellenar botellas, donde aprovechamos para tomar fotos. Toda esa sección estaba musgosa y se veía un verde intenso que parecía como de bosque sagrado salido de un cuento. También a lo lejos se podía ver entre los árboles la icónica Barranca de la Coconetla, eso significaba que nuestra aventura de gravel estaba por finalizar. 

Antes de bajar a la carretera, tuvimos que cruzar un pequeño canal, solo había un pedazo de madera que unía los dos extremos del sendero. A mí me dio mucho miedo intentar pasarla rodando, así que cargué mi bicicleta. Qué mala decisión tomé, esa madera estaba muy inestable y sentía que me caería al canal con todo y bicicleta. Mel me tomó una foto mientras intentaba lograr la hazaña y me quedé congelada por un momento. Al final sí lo logré y continuamos.

Al final del sendero, antes de incorporarnos a la carretera de Los Dinamos, teníamos que bajar por un singletrack rocoso. Meli cargó su bici y yo intenté bajar como si supiera lo que hacía. Obviamente bajé muy mal y casi me rompo algo. Las risas no faltaron.

Ya en la carretera subimos al Cuarto Dinamo y nos tomamos la foto de rigor en el mirador con vista hacia la Coconetla. Ese día era domingo y estaba lleno de automóviles y ciclistas. Fue un gran reto pasar un segmento de la carretera, mucho caos, por lo que decidimos bajar a comer al Segundo Dinamo a la “Cabaña de los Honguitos”. 

Ciclistas en mirador a la Coconetla

Ya en la cabaña nos sentamos en la parte de atrás con mesas junto a un mirador. Pedimos café de olla, jugos, tlacoyos y sopa de hongos. Como el buen Daniel no es de México, le platicamos sobre la amplia variedad de comida que podía probar y luego, por algún motivo, le preguntamos si había probado el pulque. Respondió que no, así que definimos una nueva parada en nuestra ruta de vuelta a casa. ¡Debíamos pasar por pulque! 

Terminamos de comer en la cabaña y comenzamos el descenso. Ese camino es muy conocido por su falta de mantenimiento y sus miles de hoyos. Con las bicicletas de gravel no estuvo tan mal, pero aun así era inevitable caer en ellos, solo te daba oportunidad de elegir el hoyo menos feo en el camino. Me sentí mal por la gente que iba en bicicleta de carretera, me parece casi inevitable pincharse si vas a buena velocidad.

Ya que salimos del área natural protegida, nos dirigimos al centro de la alcaldía Magdalena Contreras donde encontramos un puesto de pulque. Daniel no quería, pero insistimos y nos detuvimos a degustar unos curados. Le dimos a probar varios sabores, no podía ser posible que estuviera de visita en la ciudad y no probara su pulque.

Después de una deliciosa comida, y unos buenos pulques, nos dio mucho sueño, así que acordamos que era un buen momento para regresar. Emprendimos nuestro camino entre un caos de autos y al llegar al Estadio Olímpico nos despedimos. 

2. Ruta Desierto de los Leones-Manantial de los Ajolotes

El Parque Nacional Desierto de los Leones tiene muchas rutas increíbles, concurridas por ciclistas de montaña de todas las disciplinas, incluyendo downhill y enduro. Sin embargo, en esta ocasión te comparto una ruta ideal para la bicicleta de gravel conectando senderos con pendientes poco pronunciadas y falsos planos que te permitirán tener una velocidad constante y avanzar sin parar. Solo hay un segmento muy corto en el que tendrás que empujar tu bicicleta.

Esta ruta la iniciamos en la Estela de Luz, pero dejé marcado donde inicia el segmento de gravel. Al ser una ruta de ida y vuelta, si vas en auto puedes iniciarla desde el estacionamiento de La Venta o en “La Pluma” o estacionarte cerca del restaurante La Ranita. 

Ciclistas en sendero rumbo al manantial de los ajolotes

Lugares favoritos:

  • La Ranita: Segmento de terracería y singletracks que te lleva hasta la carretera México-Marquesa. 
  • La Venta: Poblado cerca de la carretera México-Marquesa con estacionamiento y varios locales en donde venden antojitos mexicanos. 
  • La Pluma: Punto de reunión de ciclistas de montaña. En ese punto hay conexiones para diferentes caminos de tierra y singletracks del Parque Nacional Desierto de los Leones. 
  • Manantial de los Ajolotes: Los históricos manantiales “Los Ajolotes” son mantos acuíferos aprovechados por 300 años provenientes de la alta montaña. El punto específico de la ruta se llama así porque es una cisterna que hace tiempo tenía escrito ese nombre en su pared. 

A la ranita

En esta ocasión me acompañó José Luis y Daniel. Nos vimos muy temprano en Chapultepec, frente a la Estela de Luz, para comenzar el ascenso hacia Cuajimalpa. Tomamos un camino que consideramos como una opción amigable para llegar a “La Venta”. Hay otras rutas que te llevan a ese lugar, pero en casi todos tienes que tomar vías rápidas o avenidas con mucho tránsito vehicular. Elegimos irnos por Lomas de Chapultepec y Bosque de las Lomas a un paso relajado para administrar nuestra energía.

Tomamos un tramo de Paseo de la Reforma y después de descender el famoso segmento de “Rudo y Cursi” comenzamos a navegar por el corazón de Bosques de las Lomas. Esa parte pasó rápido, ya que por la hora, no había nada de tráfico y por largos ratos ni siquiera veíamos gente caminando.

Como es una de las zonas más caras de la ciudad, donde vive el 1%, nos entretuvimos un rato viendo casas enormes y con arquitecturas interesantes. Aprovechamos para reflexionar un poco sobre cómo puede haber una crisis de vivienda y al mismo tiempo existir semejantes casonas de millones de dólares. 

3 bicicletas recargadas en madera

Nos despedimos de Lomas para entrar a Cuajimalpa por una rampa con 12% de inclinación en Paseo de los Tamarindos. Ese ascenso es menos complicado de lo que se ve, pero sí hay que ir a un lugar feliz en la mente para no bajarse de la bicicleta. Al terminar ese ascenso duro, llegamos a Santa Fe, por el edificio del ‘pantalón’. Después de otra rampa dura, pasar el centro comercial Santa Fe hay que girar a la derecha en Avenida de Arteaga y Salazar. Al llegar a la calle Tlaloc hay que doblar a la izquierda y seguir hasta el segmento de la Ranita.

Yo no entendía por qué se llamaba “La Ranita”, hasta que José Luis me contó que es por el nombre de un restaurante cercano al segmento. Por algún motivo yo me imaginaba que vería ranitas o alguna estatua de una ranita, pero no, nada de eso. En donde empieza la ranita, primero desciendes por una calle empedrada y después debes entrar por un pequeño sendero en el bosque. Entramos al sendero y la parte divertida de la ruta comenzó.

El sendero nos llevaba por sube y bajas un poco técnicos pero realizables con una bicicleta de gravel. El camino es muy lindo, veíamos muchas personas que llevaban a pasear a sus perros y que nos saludaban, incluso encontramos personas montando a caballo. Seguimos rumbo al puente que nos cruza hasta el poblado de “La Venta”. Únicamente tuvimos que regresar al asfalto para atravesar el puente vehicular que cruza la autopista México-Marquesa. En el estacionamiento de “La Venta” nos metimos otra vez a un camino de tierra, el objetivo del día. 

Desierto de los Leones

Hay dos opciones para llegar a “La Pluma” desde el estacionamiento de “La Venta”. La primera es subir por la carretera o hacerlo por un camino de tierra que sale del estacionamiento. Nosotros seguimos el camino de tierra, aunque cabe aclarar que al principio hay un giro que hay que dar a la izquierda y luego a la derecha para encontrar el camino hacía “La Pluma”. Nosotros no lo dimos y nos seguimos hasta una especie de caseta de vigilancia.

Como no puede faltar en el ciclismo de aventura, tuvimos que empujar las bicis como 50 metros en un sendero con una inclinación imposible. Si te quieres ahorrar la empujada, da ese giro, casi inmediato, en el kilómetro 23 de la ruta. Fuera de ese mal giro, la ruta es bastante clara, además de que hay letreros que indican si vas al convento o a la pluma.

Una vez que llegamos a la pluma, paramos por un café y un jugo en un food truck que está justo en frente de la pluma.  Todavía no empezábamos el segmento interesante hacía el Manantial de los Ajolotes y ya sentíamos que hacía falta recargar energías. Después de platicar y descansar un largo rato, nos decidimos por continuar con la ruta. Pasamos por la pluma famosa entre los mountain bikers y comenzamos el ascenso.

En el camino nos encontramos con muchos ciclistas de montaña y algunas personas senderistas, pasamos por algunos segmentos con rocas, grava, arena, todo muy rodable. Justo cuando pensé que estábamos muy lejos de cualquier punto de reabastecimiento, encontramos un puesto de quesadillas junto a un arroyo. Había casi 20 ciclistas de montaña alrededor del puesto comprando de comer y descansando. Era muy curioso, nunca me imaginé encontrar un puesto de quesadillas en medio del bosque. 

Seguimos avanzando a buena velocidad hasta que llegamos a una pendiente bastante rocosa, por lo que tuvimos que empujar las bicicletas unos 30 metros. Al terminar de subir la pendiente llegamos a un camino casi plano, señal de que habíamos logrado llegar al inicio del segmento del camino al Manantial de los Ajolotes, la cereza en el pastel de esta jornada.

Sendero al Manantial de los Ajolotes

Ya en el sendero notamos que tenía una pendiente constante del 5% (a veces menos) y todo el camino era de tierra compactada, ideal para las bicicletas de gravel. En algunos puntos había giros escondidos a la izquierda y a la derecha, los marqué en el mapa porque es fácil no verlos y seguirte recto. 

Pasamos por algunas paredes rocosas y singletracks, el camino se abría y se cerraba. Entre los árboles se podía apreciar a lo lejos la gran urbe de Ciudad de México y ya se sentía en las piernas el ascenso acumulado. Parábamos de vez en cuando para disfrutar de la vista y a comer un snack para recargar energía. 

Sin darnos cuenta ya habíamos llegado al municipio de Oztolotepec en el Estado de México, en donde encontramos una virgen y unas cabañas. Se veía como un buen lugar para quedarse, pero también un poco descuidado. Nos quedamos un rato viendo el sitio y descansando.

Conforme avanzábamos, fuimos encontrando familias y grupos de amigos en el sendero.  Nos saludaban y más de alguna persona nos preguntaban de dónde veníamos. Era curioso ver sus caras de asombro cuando les decíamos que veníamos desde la Estela de Luz.

Se nos hizo raro ver cada vez más y más gente, pero supusimos que era porque ya estábamos cerca de algún centro ecoturístico en Oztolotepec. 

Justo terminó la ruta en una construcción en medio del bosque, que se supone es una especie de cisterna que bombea agua del manantial al poblado de Oztolotepec. Nos detuvimos ahí para tomar fotos y para sacar las conclusiones de la ruta en general. Como veíamos que llegaba mucha más gente, nos ganó la curiosidad de ver de dónde venían.

ciclistas descansando en el manantial de los ajolotes

Decidimos avanzar unos pocos metros más para ver si lográbamos ver algo y nos llevamos una gran sorpresa. Llegamos a un pequeño valle repleto con conejos de plástico clavados al suelo. Se veía muy extraño. No me pude aguantar y me subí a uno de los conejos. Tomamos más fotos del valle de los conejos y decidimos que era momento de regresar. 

Regresamos exactamente por el mismo camino hasta La Pluma. Estuvo bueno el descenso, agarramos mucha velocidad, a veces rebotábamos entre las rocas que se aparecían en el camino.

Decidimos pasar al poblado de la venta a comer algo, moríamos de hambre. Comimos en un lugar que se llama “El Osito” que mucha gente recomienda, tomamos una cerveza y comimos muchos tlacoyos. Ya nos había cansado un poco el descenso en tierra, así que decidimos regresar por Arteaga y Salazar y luego por Bosques de Chapultepec. Fue un regreso tranquilo hasta la Estela de Luz. 

3. Ruta Santa Ana Tlacotenco – Parres “El Guarda”

El segmento de gravel de esta ruta va de Santa Ana Tlacotenco, en la alcaldía Milpa Alta, hasta Parres “El Guarda”, en la alcaldía de Tlalpan.  El terreno es una combinación de gravel con cross-country. Son 34 kilómetros con 660 metros de desnivel positivo. 

Esta ruta es la que nos tomó más tiempo de nuestro día. Salimos al amanecer y regresamos al último punto poco antes del anochecer. 

Me acompañaron mis amigos Roberto, del grupo de ciclismo de gravel “Fatties”, Brad, que también nos visitó de Estados Unidos, y mis amigos que nunca faltan a las rutas de gravel: José Luis y Daniel. 

Como en las rutas anteriores, en la primera sección les comparto cómo llegar al segmento de gravel y les dejo marcado en el mapa dónde comienza exactamente, por si decides llegar al punto en otro medio de transporte. A nosotros nos gusta sufrir, así que recorrimos más de 70 kilómetros de asfalto para disfrutar de 35 kilómetros de gravel.

Ciclistas parados en camino de tierra rumbo a Parres, CDMX

Lugares favoritos:

  • Pluma de Santa Ana Tlacotenco:  Pluma de vigilancia. Es probable que te pregunten a dónde vas. Algunas veces los comuneros niegan el paso por diversos motivos, pero es importante que respetes la decisión de la gente local. Es su territorio y hay que llegar con actitud respetuosa.
  • Vista panorámica a los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl
  • Volcán Tláloc: Volcán localizado en la alcaldía de Milpa Alta, es parte de la sierra de Ajusco-Chichinauhtzin.
  • Pueblo de Parres “El Guarda”: Es uno de los 12 pueblos originarios de la alcaldía de Tlalpan. Punto de reabastecimiento. 

Rumbo a la gasolinera abandonada

Nuestra intención fue no entretenernos demasiado en el tramo de la carretera México-Oaxtepec por lo que no hicimos casi ninguna parada. Nunca había subido tan rápido con mi bicicleta de llantas 26, estaba muy motivada por empezar la ruta de gravel lo más temprano posible, ya que no sabíamos lo que nos esperaba. Solamente paramos en la última tienda antes de comenzar el segmento de gravel para llevar suficientes provisiones para lo que se venía.

Nos vimos antes de que amaneciera en la Alberca Olímpica, para dirigirnos vía la avenida División del Norte hasta llegar a Xochimilco. En el camino nos acompañaron diversos grupos ciclistas que se dirigían a “La Loma”, destino famoso entre los ciclistas de ruta, que conecta con la ruta que va al Valle de los Centinelas, en Amecameca. Cruzar Xochimilco siempre me ha parecido un poco caótico, muchos camiones y tráfico en general. Fue por mucho la parte menos divertida del recorrido. 

El punto en donde se debe girar a la derecha para comenzar el camino de gravel está marcado por una gasolinera abandonada. Paramos en la gasolinera a comer botanas y a tomar fotos, terminamos y nos preparamos para la verdadera aventura. 

Casi inmediatamente al empezar el segmento de gravel se encuentra una pluma, en donde a veces hay comuneros de Milpa Alta. Cuando pasamos por la pluma solo vimos a trabajadores de la Ciudad de México, les saludamos y nos saludaron de vuelta. No nos prohibieron entrar, así que seguimos rodando.

Cerro del Agua y Volcán Tláloc

Nos topamos con una vista panorámica, simplemente hermosa, de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl casi iniciando el segmento de terracería. No pudimos resistir la tentación de detenernos un rato a contemplar la postal y darles una breve explicación a nuestros amigos extranjeros. Les enseñamos a pronunciar los nombres y les dimos un resumen de la leyenda de los volcanes. Siempre me da orgullo compartir datos curiosos sobre la región en la que vivo. 

En este primer tramo, el camino estaba muy arenoso y en algunos puntos nos costaba trabajo avanzar. Nos tocaron largos falsos planos hasta que pasamos por lo que parecía ser una cabaña abandonada junto al camino. Se notaba que ya llevamos una cantidad considerable de desnivel positivo acumulado. Cuando estábamos más cerca de Xochimilco se veía un ecosistema más semidesértico, había nopales, cactus y matorrales, pero ya en este punto de Milpa Alta, se tornó más boscoso el paisaje. 

Comenzamos un ascenso pesado con arena y rampas muy inclinadas hacia Cerro del Agua. ¡Vaya que nos hizo sudar! Se me hizo eterno, casi me da la pájara. Tan eterno y duro que mejor trataba de mantener la vista fija en mi rueda delantera y no pensar en nada más. A veces trataba de seguir a Daniel, él más rápido escalador de los presentes, pero me cansaba y mejor seguía viendo mi rueda.

Una vez que llegamos a la bifurcación hacia Cerro del Agua, paramos a comer nuestros bocadillos. ¡Estábamos a 3520 metros sobre el nivel del mar! Yo moría por comer galletas, sentía que toda mi energía se había quedado subiendo la Carretera México-Oaxtepec. 

Nos sentamos un rato, mientras Brad nos platicó un poco más de lo que ha aprendido en los 3 meses que lleva viviendo en la Ciudad de México. Me parece interesante conocer lo que piensa la gente de fuera de este lugar, hay un consenso, mi ciudad es hermosa pero caótica.

Ya que nos alejamos de Cerro del Agua hacia el volcán Tláloc, la inclinación se redujo un poco y se tornó más tolerable para las piernas. En este tramo del camino nos alejamos de los pinos para atravesar un paisaje repleto de matorrales y a la distancia veíamos el volcán cada vez más cerca. Una vez que llegamos al punto más cercano del volcán, comenzamos un largo descenso.

Descenso al Valle Secreto

Descendimos 10 kilómetros entre arena y flores amarillas. La arena nos hacía perder un poco el control de vez en cuando, por lo que tuvimos que bajar con mucha precaución. Daniel se adelantó del grupo un largo rato, hasta que de repente lo encontramos con arena en la cara y su bicicleta aventada en el camino. Nos contó que perdió el control por la arena del camino y salió disparado al matorral. Le ayudamos a levantarse e intentamos retomar la ruta, pero notamos que su bicicleta no podía avanzar. Su llanta delantera se había doblado por la caída y rozaba con su tijera. 

Nos detuvimos un rato para ayudarle a enderezar su rueda. Apretó sus rayos y como no funcionó, le dio varios golpes a su rin hasta que se enderezó lo suficiente para poder continuar. 

Continuamos con el descenso entre arena suelta hasta un valle, donde a lo lejos se podían ver más volcanes pequeños. Dado que realizamos la ruta en temporada seca, el pastizal se veía amarillo. Todo el paisaje era amarillo intenso. Conforme nos acercábamos a Parres, pasábamos cultivos de papa y veíamos más y más tractores. 

Los últimos 5 kilómetros antes de llegar a Parres son por un camino extremadamente arenoso, volaba mucha tierra suelta y no nos permitía ver el camino. Roberto, que llevaba llantas delgadas, se atrasó bastante, ya que tuvo que caminar un largo tramo. Lo esperamos un par de veces en la poca sombra que encontrábamos, mientras aprovechábamos para descansar un poco.  

Logramos llegar a Parres a buena hora. Yo pensaba que íbamos a regresar ya en la noche, pero no, llegamos antes de las 4 de la tarde. Como era relativamente temprano nos pareció buena idea bajar a la ciudad por la ciclovía Ferrocarril-Cuernavaca, ya que todavía seguían abiertos sus accesos. 

EL hambre que teníamos nos hizo bajar muy rápido. Al llegar al punto de acceso de la Estación Ciclovía Recreativa CDMX nos salimos de la ciclovía y tomamos la carretera Picacho-Ajusco. Esa parte siempre es estresante en la tarde, pero como los fines de semana se pone un mercado enorme en la ciclovía, nos pareció mejor idea bajar por la carretera. Ya que estábamos cerca de Coyoacán terminamos la ruta y nos fuimos por unas cervezas para celebrar que logramos la misión.

Lo que necesitas saber antes de realizar el recorrido

  • Clima: En la Ciudad de México la temporada de lluvias es de mayo a octubre, por lo que si vas a las rutas durante esos meses, te recomiendo llevar un impermeable. Es muy probable que te llueva durante tu ruta. En los puntos más altos no es rara la llovizna. 
  • Ropa: Lleva capas para abrigarte en los puntos más altos. Por la altitud de la ciudad, puedes llegar a elevarte casi a los 3000 metros sobre el nivel del mar y puede haber puntos en la ruta en donde pases frío o te toque un poco de lluvia. 
  • Abastecimiento: Lleva bocadillos y agua suficientes para una jornada de 5-6 horas. Una vez que inicies las rutas de gravel ya no encontrarás fuentes de reabastecimiento hasta que llegues a las carreteras asfaltadas. Salvo en la ruta del Manantial de los Ajolotes en donde hay un puesto de quesadillas en el bosque.
  • Seguridad: En los senderos de Dinamos, Ajusco y Desierto de Los Leones los fines de semana hay mucha gente transitando. Generalmente, son lugares tranquilos, pero como recomendación general es mejor evitar viajar solo, especialmente en la ruta de Santa Ana Tlacotenco a Parres.
  • Responsabilidad: Es importante que recuerdes que es tarea de todas las personas cuidar de las áreas naturales de las que disfrutamos. Deja el lugar como lo encontraste, no dejes basura ni hagas fogatas.

La bicicleta ideal para el recorrido

Bicicleta surly tirada en arena

Para realizar las rutas es importante tener una bicicleta de gravel o de montaña. Recomiendo llevar llantas con un ancho mínimo 40 mm, ya que las rutas tienen segmentos rocosos y arenosos que hacen difícil avanzar con llantas delgadas. 

En caso de no tener llantas de esa medida, quizás tendrás que caminar algunos segmentos, afortunadamente no son muy largos y las vistas son tan hermosas que se te olvidarán las complicaciones del camino.

Estos caminos tienen plantas y rocas que pueden pincharte, recomiendo que lleves llantas tubeless o en caso de no tenerlas, llevar una cámara extra y parches, es casi inevitable pincharte en algún punto. Más vale prevenir.

Fotografía Paola Jocelyn Berber Díaz y José Luis Ramírez 

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