Con la idea de darle la bienvenida a la tan esperada primavera, decidimos planear una escapada de fin de semana. En esta ocasión, el destino era el Monte Tláloc, famoso por una razón muy especial: en su cima se encuentra uno de los sitios rituales prehispánicos más importantes de Mesoamérica, dedicado a Tláloc, dios de la lluvia.
La ruta, partiendo desde Tlatelolco, contempla alrededor de 55 kilómetros (solo de ida) y poco más de 1,300 metros de ascenso hasta el Centro Ecoturístico Canoas Altas. El plan era llegar al camping y, al día siguiente, hacer cumbre para visitar el santuario de Tláloc. Aunque en papel puede parecer una ruta sencilla, hay que considerar que los últimos 12 kilómetros concentran aproximadamente 800 metros de ascenso, en terracería, con algunos tramos bastante arenosos. Esto eleva considerablemente el nivel de dificultad y, si además llevas la bicicleta cargada, se convierte en un factor clave antes de aceptar el reto.
El recorrido es en su mayoría sobre pavimento (alrededor del 65%), prácticamente hasta la pluma de acceso al Monte Tláloc, donde comienza el tramo de terracería.
La antesala al Tláloc
El Centro Ecoturístico Canoas Altas se ubica en la vertiente de Texcoco, a más de 3,300 metros de altitud, y es uno de los accesos más utilizados hacia el Monte Tláloc. Rodeado por bosque de pino y oyamel, funciona como un punto de transición entre el paisaje boscoso y la alta montaña. Hasta aquí llega el camino de terracería, lo que lo convierte en un sitio habitual para iniciar el ascenso a la cima, reagruparse o pasar la noche.
Con áreas abiertas, zonas de acampado y una infraestructura sencilla, Canoas Altas es menos un destino y más una antesala: el último punto de relativa comodidad antes de que el entorno se vuelva más frío, expuesto y remoto.
Más arriba, el Monte Tláloc se eleva hasta los 4,120 metros, coronado por uno de los santuarios prehispánicos más singulares de Mesoamérica. En su cima se conservan vestigios de un recinto ceremonial dedicado a Tláloc, dios de la lluvia, al que se accedía mediante una calzada ritual que aún hoy puede recorrerse por tramos.
Este lugar no solo destaca por su altitud, sino por su significado: era un punto clave en la cosmovisión mexica, donde naturaleza y ritual se encontraban para invocar al agua que sostenía la vida en el valle. Ascender al Tláloc es, en ese sentido, recorrer una montaña que fue, y en muchos sentidos sigue siendo, sagrada.
La partida desde Tlatelolco
El aranque de esta ruta es relativamente sencillo. Desde que dejas Tlatelolco y hasta después de atravesar Texcoco, se tiene muy poca elevación. Nosotros iniciamos nuestra travesía un saábdo, poco después de las 7 de la mañana. En general, nuestra salida de la ciudad y el tramo de autopista fueron bastante tranquilos y con muy poco tráfico.
Aproximadamente en el kilómetro 24 de la ruta hay una desviación hacia un camino de tierra que corre paralelo a la autopista. Decidimos tomarla para alejarnos del tráfico pesado y continuar por una ruta más tranquila, atravesando Texcoco por el sur.

Si, como nosotros, decides evitar el centro, vale la pena considerar que, dependiendo de la hora y el día, podrías no encontrar muchos lugares abiertos para comer. Nosotros llegamos al restaurante El Arriero, donde sirven huevos al gusto, sopes (gigantes), quesadillas y café. Es un excelente punto para desayunar bien y recuperar energía antes de lo que viene.
En la ruta también marqué el restaurante de antojitos mexicanos Doña Bety, que abre un poco más tarde. Al día siguiente, ya de regreso, resultó ser una muy buena opción para comer antes de retomar la carretera hacia la CDMX.
El ascenso a Monte Tláloc
Un comienzo arenoso
Después de un desayuno bastante generoso, dejamos el restaurante El Arriero rumbo a la pluma de acceso al Monte Tláloc. Este punto marca el inicio de un ascenso constante hasta nuestro destino.
El paso por las localidades de Santa María Nativitas, San Dieguito Xochimanca y San Pablo Ixayoc transcurre por calles tranquilas, en su mayoría pavimentadas, con uno que otro tramo de terracería y pendientes que rara vez superan el 10%. A lo largo de este segmento no habrá escasez de tienditas hasta llegar a la pluma.



Alrededor del kilómetro 43 de la ruta encontrarás la pluma de acceso, donde se cobra una pequeña cuota para ingresar (10 pesos al momento de escribir este artículo). A partir de aquí comienza un camino de tierra, ancho y sin mayor dificultad… al menos al inicio.
Todo cambia al llegar a la primera curva. Más o menos al acercarte al kilómetro 47, la cosa se pone más seria. Desde este punto y hasta poco antes de la Cabaña Monte Tláloc (marcada en la ruta), te enfrentarás a una serie de subidas con pendientes de doble dígito. Son tramos cortos, pero —especialmente en condiciones secas— el terreno arenoso pondrá a prueba tu técnica y tu paciencia. No me imagino el lodo que se formará en este tramo durante temporada de lluvias.
A disfrutar entre pinos y oyameles
Exactamente después de la cabaña, la montaña nos regala el primer descenso: corto, pero suficiente para dar un respiro y cambiarle el aire al camino. Como por arte de magia, el paisaje te envuelve entre pinos y oyameles. No es que el ascenso se vuelva más fácil, pero personalmente comencé a sentirlo mucho más disfrutable.



Las pendientes de doble dígito continúan aproximadamente hasta el kilómetro 52 de la ruta que te comparto. La subida sigue siendo exigente, especialmente con la bicicleta cargada. Y tengo que reconocer que en este viaje en particular exageré un poco con el peso. Confiado en que no era mucha distancia y aprovechando para probar equipo nuevo, llevé de más y tuve que parar un par de veces a recuperar el aliento y aguantar uno que otro calambre.
Finalmente, en los últimos tres o cuatro kilómetros, las pendientes se suavizan bastante, manteniéndose por debajo del 10%. No sé si fue por saber que estábamos cerca, pero este último tramo, antes de llegar a Canoas Altas, lo disfruté a lo grande.
Llegada al Centro Ecoturístico Canoas Altas
El Centro Ecoturístico Canoas Altas es sencillo, pero tiene lo necesario para disfrutar de la magia del lugar. Lo primero que ves es una cabaña que funciona como tienda y recepción. El espacio es amplio y cuenta con algunas palapas con asador y mesas para quienes visitan durante el día; también es posible acampar y hay tres cabañas disponibles.



Durante nuestra visita fuimos atendidos por César, una persona amable, muy servicial y con infinidad de historias que contar. Después de un breve descanso y unas botanitas, nos recomendó los mejores spots para montar el campamento. Al final optamos por una palapa sin mesa, ya que parecía que Tláloc nos tenía preparada algo de lluvia. Por suerte no llovió, pero sí hizo más frío del que esperaba, y algunos integrantes del equipo tuvieron que rentar cobijas adicionales para no sufrir durante la noche. Así, que si vienes no tendrás de que preocuparte, si te falta algo de equipo, César se encargará de apoyarte.
Al final, fue una noche muy agradable: entre pláticas, risas y un cielo que terminó completamente estrellado, después de que el viento se llevara las nubes que por la tarde amenazaban con lluvia. Sin duda esta ruta es una de esas que se repetiran, pero con una carga más moderada.
Preparativos para la ruta a Canoas Altas
La bicicleta adecuada
Aunque esta ruta es en su mayoría pavimentada, recomendaría una bicicleta con llantas de al menos 40 mm de ancho para enfrentar las primeras subidas después de la pluma de acceso al Monte Tláloc. Si tu bicicleta tiene un rodado menor, es posible completarla, pero esas primeras rampas arenosas exigirán más esfuerzo y requerirán mayor precaución, especialmente en el descenso.

Fuera de los tramos arenosos y las pendientes más exigentes, el camino no es particularmente técnico y puede recorrerse en una bicicleta de gravel o MTB, preferentemente rígida. Lo más importante es que esté en buen estado mecánico. En este tipo de rutas, con pendientes pronunciadas, es fundamental que frenos y transmisión funcionen correctamente.
Alimentación e hidratación
En cuanto a alimentación e hidratación, no tendrás mayor dificultad. A lo largo de la ruta encontrarás restaurantes y tiendas donde podrás abastecerte sin problema. El único tramo en el que tendrás que ser autosuficiente es prácticamente desde la pluma de acceso hasta Canoas Altas.
Una vez en el Centro Ecoturístico, tampoco tendrás mucho de qué preocuparte, dependiendo de tus necesidades alimenticias. En la tiendita venden sopas instantáneas, botanas, cereal, agua, refrescos, cerveza y artículos de aseo personal. En mi caso, al ser vegetariano, siempre llevo algo adicional para preparar, por si no encuentro opciones adecuadas.
A pesar de la disponibilidad de puntos para abastecerte, siempre recomiendo llevar suficiente agua y snacks para toda la ruta, y un poco más para cualquier imprevisto. En ocasiones, las rodadas pueden prolongarse por problemas técnicos u otros contratiempos.
Opciones para dormir y qué empacar
En Canoas Altas puedes acampar o rentar una cabaña. Si prefieres esta última opción, considera que solo hay tres disponibles, por lo que es necesario reservar con anticipación. Para acampar no es necesario hacerlo.
Ya sea que te quedes en cabaña o acampes, la cuota incluye una carga de leña, y puedes comprar más si lo necesitas. Al momento de escribir este artículo, el costo por acampar en tienda pequeña fue de 150 pesos.

En cuanto al equipaje, dependerá mucho de si acampas o te hospedas en cabaña. En ambos casos, es fundamental llevar suficientes capas para abrigarte durante la noche. Si acampas, no olvides una buena esterilla y un sleeping adecuado para bajas temperaturas. Si no cuentas con uno, puedes rentar cobijas adicionales en el lugar.
Las cabañas cuentan con cocina, pero no incluyen utensilios. Así que, si planeas cocinar, tendrás que llevar todo lo necesario desde casa, independientemente de dónde te hospedes.
Aunque solo vayas por una noche, como en nuestro caso, es muy recomendable llevar un cambio de ropa seca y un rompevientos para el descenso, ya que en los primeros kilómetros el aire frío se siente hasta los huesos.
Cuándo hacer la ruta
La mejor ventana para realizar esta ruta es entre noviembre y abril, cuando suele ser temporada seca. Aunque el Monte Tláloc es conocido por sus lluvias frecuentes, durante estos meses la probabilidad de precipitación es menor. Aun así, siempre vale la pena ir preparado por si el clima cambia.
Si decides rodar en esta temporada, asegúrate de llevar ropa de abrigo, ya que también son meses fríos. En Canoas Altas, las temperaturas pueden descender hasta los 0 °C durante la noche.
De mayo a octubre, aunque no es imposible, las primeras subidas, de las que tanto he hablado, pueden volverse una verdadera trampa. No he hecho esta ruta en particular en temporada de lluvias, pero en recorridos cercanos, como el del mirador Patlachique, es común encontrar lodo espeso que llega incluso a bloquear las ruedas por completo.
Fotografía José Luis Ramírez
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