Ana bajando de sendero de enduro El Fraile

3 rutas mtb cerca de Logroño, capital riojana

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Si bien la ciudad de Logroño está situada en un valle, a menos de 20 kilómetros se puede gozar de auténticas rutas de enduro. Recorrerás la Sierra de Moncalvillo, con una bajada larguísima por bosques en la que tendrás ganas hasta de parar a descansar. Nalda y su gran cantidad de senderos te sorprenderán hasta límites insospechados. Podrás disfrutar de un pequeño “bikepark” (no te esperes telesillas) muy cerca de la ciudad y podrás acabar tu ruta tomando un Rioja y un pincho por la famosa calle Laurel.

Están siendo días realmente fríos con temperaturas bajo cero y escribo estas líneas a falta de realizar la tercera ruta. En las dos primeras hemos tenido que rascar el cristal de la furgoneta para quitar la escarcha antes de ponernos en marcha. Pero a pesar de las manos heladas, si hay algo que nos caliente y reconforte el corazón es pasar una jornada en la montaña, en plena naturaleza y a lomos de nuestras bicis. 

isra bajando sendero neveras

1. Ruta Neveras de Moncalvillo – Sojuela

De dificultad física y técnica alta, el descenso de las neveras es de los más famosos de la zona. 

  • Alto de Moncalvillo (1400 m de altitud): Espectaculares vistas del valle del Iregua, Los Cameros, y al fondo algunos montes de la Sierra de Cantabria. 
  • Neveras: Pozos de nieve del S. XVI que almacenaban hielo para abastecer a Logroño. Si te pilla la lluvia, puedes refugiarte en un chozo que hay en la zona.
  • Larga bajada por sendero, incluida en la famosa prueba de “La Rioja Bike Race”: Precaución en otoño-invierno por la caída de la hoja o nieve/hielo.
  • Posibilidad de hacer varias rutas de btt de diferentes niveles por la zona, o unir distintos senderos: Busca más información sobre el centro BTT de Moncalvillo.

Aún no hemos dado tiempo a que amanezca y partimos del pueblo de Sojuela con el frío recorriendo nuestras extremidades. Los charcos están completamente helados y la vegetación se viste de blanco. Ascendemos por una pista empinada y a ratos rota con piedra suelta que nos hace entrar un poco en calor. Pronto la luz del sol se filtra tímidamente entre las hojas de los árboles, aunque llegamos a la carretera de Sojuela para introducirnos de nuevo en el frío y sombrío valle.

Ascendemos por una pista ancha muy arregladita que nos permite una “cómoda” subida, zigzagueando de lado a lado para sobrellevar la inclinación mientras observamos a nuestra derecha el extenso campo de golf de Sojuela y nos imaginamos viviendo en una de las casas de la urbanización situada en lo alto.

Por fin relaja, y proseguimos la ascensión a través de un par de vallas y paso canadiense, jugueteando en algunos momentos a cruzar riachuelos y pisar charcos para escuchar el crujir del hielo bajo nuestros neumáticos. Los diferentes paisajes y los bellos bosques que nos envuelven (de grandes acebos, pinos, robles…), nos deleitan durante toda la subida.

isra subiendo algo de moncalvillo

Tras un par de buenos rampones y un último repechón llegamos al alto de Moncalvillo. La satisfacción de haber subido las inclinadas cuestas montada en la bici hace que mi sonrisa se amplíe y disfruto de unas muy merecidas vistas. Aunque hay algo de neblina, el cielo está totalmente despejado, así que me quito el casco y el sol me acaricia la piel. Aprovechamos para tomarnos un par de fotos juntos, ya que Isra ha cargado con el trípode todo el trayecto. 

Y nos disponemos a bajar, no sin antes visitar las neveras que se encuentran a mano izquierda. Estas construcciones de finales del S. XVI fueron emplazadas aquí por ser un punto en el que se acumulaba la nieve de forma natural para abastecer de hielo a la población de Logroño. Se utilizaron durante más de 3 siglos, supongo que el invento del frigorífico le quitaba el sentido a estos pozos de nieve. Si tienes curiosidad por saber más, puedes leer el cartel que tienes al inicio de la bajada.

Nos colocamos el casco, las rodilleras y proseguimos con el descenso. Un sendero bien marcado entre pinos da lugar a un manto de hojas de haya que esconden traicioneramente piedras sueltas y ramas que juegan con mi equilibrio en un par de ocasiones, aunque por suerte (o destreza, ya no sé) no acabo besando tierra. Me siento tensa, cosa que tampoco ayuda al manejo de mi bici. Lleno mis pulmones de aire fresco y sigo tras Isra que ya se conoce cómo va esto.

Cruzamos más hayedos vertiginosos mezclados con pinares y escalones de piedras por los que me siento más confiada y me dejo fluir libremente. En el último momento elegimos una variante desconocida a nuestra izquierda que resulta ser corta, pero muy divertida, con varios dubbies (montículos) y que acaba en una zona más técnica y trialera. Proseguimos por un sendero estrecho y muy pedregoso en el que Isra sabe aprovechar todas las inercias y vuela.

Le sigo a mi ritmo y noto que los cuádriceps y las manos se me cansan, pero ya salimos a una pista muy rápida (ojo que pueden circular coches) y un pequeño tramo de carretera que nos deja de nuevo en la furgo. Es tarde y aún tenemos que hacer la comida, pero volvemos con una sonrisa de oreja a oreja.

Ruta 2 – Nalda: Fénix, fraile, resentida ampliada y ruinas

Ruta increíble con bajadones de los que te sacan una gran sonrisa. De nivel físico medio alto y técnico medio.

  • 4 senderos de bajada.
  • Castillo de Nalda: Libre acceso y visitas guiadas.
  • Piscinas de Nalda, con bar: Para tomar un baño o una cerveza fresquita tras tu ruta (consultar horarios).
  • Fábricas de cerveza: Artesanas y riojanas, no todo es vino en La Rioja.
ana subiendo pista pinar

Partimos del frontón de Nalda donde dispones de varios aparcamientos, las piscinas y un bar llamado ruta 51 donde se reúne la gente de enduro los fines de semana. Cosa nada rara, sabiendo que quien lo lleva es Ribé, autor de la mayoría de las sendas de Vicio-enduro Nalda. Hoy es miércoles, así que estará cerrado a la vuelta.

El sol está muy bajo aún, hace un frío helador y sopla una ligera brisa que provoca que la sensación térmica sea menor aún. Pero Nalda es todo cuestas y se empieza a subir desde el primer minuto, por lo que se hace hasta agradable la pendiente del 15% (o sea, no, ja, ja, ja). Aunque en ocasiones la inclinación aumenta considerablemente, el ascenso se hace muy cómodo, siendo por pista ancha todo el tiempo. Las espectaculares vistas del valle con las primeras luces del día y la belleza de sus bosques nos amenizan cada pedalada. 

Varias pendientes más tarde decido quitarme la chaqueta y nos alcanzan un par de bikers. Subimos los cuatro a la par, charlando un rato con ellos e intercambiando impresiones. El sábado nos volveremos a encontrar con Asier, esta vez, por la senda de los elefantes en Logroño.

Tras varios kilómetros de ascensión llegamos a una pradera y a la derecha vemos el cortafuegos del 10% de pendiente que nos toca afrontar durante un kilómetro. A mitad de camino Isra me señala algo a mi izquierda: La piel y los huesos de un burro que no pudo librarse de la guadaña. Por mi mente atraviesan varias frases en latín, “Tempus fugit” (la vida es breve) y “Memento mori” (recuerda que has de morir”). No será hoy, así que seguimos ascendiendo por la pista pedregosa parando varias veces a admirar las espectaculares vistas y sintiéndonos agradecidos y satisfechos por la recompensa a nuestro esfuerzo. 

Nos desviamos a la derecha y proseguimos por un último tramo de pista hasta el ansiado descenso “Fénix”: un sendero frenético entre pinos, con mucha inclinación, curvas y peraltes que nos arrancan una sonrisa de oreja a oreja. Si bien lo de las pendientes es algo que me pone nerviosa, al añadir a la ecuación unas cuantas curvas a derechas, todas mis hormonas sensoriales se disparan. Me sorprendo gratamente de lo tranquila que estoy y resurjo de las cenizas cual ave Fénix (¿será esto una bella coincidencia?).

Ascendemos de nuevo por un tramo de la pista anterior, pero esta vez nos desviamos bastante antes para bajar por “El fraile”, un sendero rápido y muy divertido con algunos pasos técnicos que se nos antoja realmente corto. Por suerte, enlaza con “La resentida”: una senda también muy rápida en la que es extremadamente sencillo dejarse fluir (ojo con emocionarse, hay un barranco bastante elegante a tu izquierda). Una vez atravesamos el tramo de bosque, las vistas son impresionantes, lástima que el día no esté tan nítido para poder apreciarlas en toda su magnitud.

isra subiendo con ruinas

Remontamos un corto tramo de pista para hacer la bajada de “Ruinas”, una serie de toboganes muy pronunciados con una inclinación considerable, llegando hasta Nalda de nuevo. El terreno estaba bastante húmedo en esta zona, nosotros que nos habíamos hecho ilusiones de volver con las bicis “limpias”. Nuestra idea era llegar hasta la fábrica de cerveza para acabar la ruta con una birra fresquita, pero nos dicen que sólo abren para comprarlas por encargo. Así que con nuestro gozo en un pozo subimos de nuevo hasta Nalda y volvemos a Logroño, donde nos espera en casa un delicioso pollo asado.

Ruta 3 – Logroño “bikepark”

Es la ruta más “light” de las 3 debido a un menor desnivel, aunque hay un par de zonas de dificultad media-alta. Puede interesarte la parte del pinar hasta la Grajera si controlas de saltos. 

  • Parque de los enamorados: Antiguo pinar integrado en la ciudad donde pasar un rato agradable. Aparcamiento abajo, de donde parte la ruta.
  • Descenso Valdegastea: Pequeño circuito de DH muy accesible desde Logroño.
  • El Cortijo: Bajada trialera, bellas vistas.
  • Merenderos al lado del Ebro: Zona de esparcimiento con mesas, bancos y asadores.
  • Fuenmayor: Pueblo con bodegas, bares y restaurantes.
  • Descenso de la grajera “bikepark” y circuito de saltos: Dos zonas dirt jump y senderos endureros (también para xc y DH).
  • La Grajera: Pantano con bonito paisaje, animales, bar restaurante, merenderos, asadores y sendero divertido de bajada hacia Logroño.
  • La senda de los elefantes (Calle Laurel): Colofón para una ruta dominguera.
Bikers en cima de montaña

En esta ocasión quedamos con nuestro amigo Óscar en el ayuntamiento y tras darnos un abrazote, nos dirigimos rumbo al Parque de los Enamorados, de donde parte la ruta. Este parque es un antiguo pinar integrado con la ciudad que cuenta con varias senditas, un parque de calistenia y las ruinas de los antiguos depósitos de agua que abastecían Logroño.

Enseguida dejamos atrás los edificios y el asfalto para tomar un sendero que nos deja en lo alto del conocido descenso de Valdegastea, un circuito corto de DH bien cerquita de la ciudad.

Ascendemos por una carretera poco transitada que da paso a una pista ancha para tomar un sendero que desciende entre escalones de roca hasta El Cortijo, un pequeño pueblo con el puente romano de Mantible que da nombre a la famosa ruta de btt, por lo que es una zona muy frecuentada por ciclistas de montaña. A los pies de la trialera sopla un viento gélido, pero con las vistas tan sensacionales de las viñas besando las orillas del Ebro y al fondo la sierra Cantabria, merece la pena hacer una breve parada. 

vista panoramica del cortijo

El plato fuerte del día es sin duda esta trialera. Aún siendo la primera vez que la bajo, me aventuro a tirar delante, cosa que normalmente evito. Busco mi línea perfecta y sintiendo la suavidad de mi horquilla, dejo que mi bici haga su trabajo absorbiendo cada uno de los escalones. Tensando los frenos con la presión justa, equilibrando el peso, llego al final y espero a mis compañeros, que veo a duras penas por culpa del contraluz. Proseguimos por el sendero para encontrarnos con otra trialera, esta vez más sencilla, que nos deja en El Cortijo.

Continuamos con nuestra marcha, pasando por una zona de asadores y mesas al lado del Ebro que tiene muy buena pinta. Apretando en un subibaja más adelante se me rompe la cadena. Por suerte, llevamos “troncha” y eslabones de más. Diego, un colega de Isra con el que nos encontramos arriba del Cortijo, se para a preguntar si necesitamos algo. Nunca está de más que te asegures de que todo está bien si te encuentras a alguien, es una de esas reglas de nuestro código endurero.

Llegamos a Fuenmayor, donde paramos a tomar un cafelito al sol en la plaza para recobrar un poco la temperatura después de la avería a la sombra. Salimos del pueblo por donde hemos entrado y ascendemos por una carretera con una pendiente del 9% que tras unos cruces nos conduce cómodamente por pista hasta el pinar. Aquí el terreno está bastante más húmedo y hay que bajar extremando las precauciones.

Paramos a ver los saltos que se han currado en un par de campillos o dirt jumps en la zona. Aquí podrás echar un buen rato si lo tuyo son los saltos, aunque parecen frontones de lo altos que son.

El tiempo se nos ha echado encima y decidimos seguir, aún tenemos que dar la vuelta al pantano de La Grajera y llegar a La Laurel antes de que cierren las cocinas de los bares.

La bajada hasta el parque es muy divertida, con zonas fluidas, algún tobogán y alguna parte más técnica. Ya en La Grajera, es de obligado cumplimiento pararte en el bar restaurante a tomar algo mientras admiras el paisaje. Tenemos la suerte de ver un par de ardillas, y mientras damos la vuelta por el pantano observamos un montón de conejos tomando el sol que se meten en los arbustos a nuestro paso. Por unos pocos segundos avisto incluso un zorro, ¡ruta ya de diez! Paramos a sacar fotos a los gamos, que aunque no es época de berrea, están un poco inquietos.

Descendemos por una senda súper divertida hasta el carril bici que nos deja en el centro de la ciudad, en la “Senda de los elefantes». Si aún no lo has adivinado, es la calle Laurel, donde tienes más de 60 establecimientos con una gran oferta gastronómica. Se llama así porque puedes degustar los vinos riojanos y acabas con una trompa como la de los elefantes.

Aunque la fama se la lleva la calle Laurel, en La Calle San Juan tienes gran cantidad de bares donde seguir la degustación (y menos concurrida).

Tienes infinidad de opciones, te recomendamos algunas:

  • El Soriano: Champiñón a la plancha.
  • Tío Agus: Moruno adobado con salsa secreta.
  • Jubera: Afamadas patatas bravas.
  • Bodeguilla Los Rotos: Huevos rotos con varias opciones.
  • Gota de vino: Zorropito.
  • Taberna de Baco: varias opciones para vegetarianos, veganos, y sin gluten.

En Logroño también hay una amplia oferta cultural. Nuestro museo favorito es la Casa de las Ciencias, donde muchas veces traen exposiciones muy interesantes.

La bicicleta ideal para estas rutas

Para una mayor comodidad, la bicicleta ideal de montaña sería de doble suspensión, aunque dependiendo de tus habilidades técnicas, podrías utilizar una rígida.

El mínimo de la medida de las cubiertas lo establecería en 2.30 pulgadas, para evitar llantazos, ya que hay algunas zonas pedregosas. Puedes utilizar ruedas de 26, 27.5 o 29 pulgadas.

Preparativos

Agua

No estamos seguros de que las fuentes de la zona sean potables, por lo que mejor si llevas tu propia agua para la ruta. No obstante, en las dos últimas rutas pasas por poblaciones con varios bares y restaurantes.

Equipo

Es muy importante equiparnos con lo necesario para disfrutar con seguridad de una actividad como el enduro. Usa casco (de preferencia integral) y rodilleras, si ves preciso añadir unas coderas o un peto, hazlo. Ponte guantes, mejor con algo de protección añadida, para evitar arañazos o golpes. Utiliza prendas adecuadas a las condiciones meteorológicas.

Clima

Tanto en Nalda, Sojuela y Logroño el clima en invierno es frío. Infórmate bien sobre posibles heladas o nieve en las dos primeras rutas. Los veranos suelen ser secos y cálidos, prevé el agua que necesites.

Tenlo siempre en cuenta:

Estos montes son frecuentados por más ciclistas, senderistas y jinetes con caballos. La educación y el sentido común es fundamental para que todos podamos disfrutar de nuestras actividades. Saluda con una sonrisa. Recuerda respetar la prioridad en las sendas estrechas (reglamento IMBA), aminora la velocidad y da las gracias si te dejan pasar. Si somos responsables evitaremos conflictos innecesarios.

Fotografía i2fotos

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